Mamá migrante
Ser mamá migrante implica, además del desarraigo de nuestra patria, la separación física de nuestra red de apoyo. Ser mamá migrante es, al menos durante el primer período, serlo las 24 horas de cada día. Ser madre canguro.
Pero, ¿qué hay de todo lo demás que habita en mí? ¿Mujer, hija, hermana, amiga, pareja, argentina, suiza, artista, ceramista, ama de casa, desempleada, mantenida; jardinera sin jardín, profesora sin alumnos, mujer pulpo o morir agotada en el intento? ¿Seguir aprendiendo a ser cada día más productiva o aprender a relajarme y dejar tareas pendientes?
Sobre la producción:
Pintura-collage: las imágenes gestadas a lo largo de este proyecto se desarrollan a través de la pintura, el collage y la ilustración digital. Se repite a lo largo de la producción la imagen de dos cuerpos abrazados: mamá migrante y su bebé. En algunos casos, de manera más figurativa; en otros, de modo más abstracto, dando así también protagonismo a las formas y los colores.
Conviven con estos personajes elementos que aluden al territorio, a la naturaleza y al uso de la escritura. “La naturaleza reaparece siempre en mis trabajos. Tanto en el arte como en mis días busco ese refugio verde que me calma”. El uso de la escritura es otra constante: forma parte de la imagen de manera sutil e integrada.
A veces pienso que la contemplación salva mis días: vivir en continua observación hacia un entorno que admiro e intentar transmitirle eso a Vera.